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lunes, 6 de julio de 2015

Efervescencias



Hoy no me siento yo.
No sé si soy menos yo que yo
o soy demasiado yo,
pero no me siento yo.

Es de esos días 
en que pones un pie
fuera de la cama
mientras que en otro universo
lo pones dentro.

Y, por un momento,
la yo de aquí
y la yo de allá
se miran a los ojos
y desvían la mirada,
creyendo que son solo
fantasmas:
los mismos de a diario.

Pero amabas saben, 
muy en el fondo,
que se vieron
y que la otra
es, tal vez, la más real.

Efervescencias,
diálogos de un 
fantasma y otro. 

lunes, 15 de junio de 2015

Epopeya


El héroe es aquél
que ha vencido al mundo
solo, abandonado.
aún a sabiendas de que el camino
se termina en los pasos
que se agotan, se borran,
y ese camino perdido,
a veces tan claro como la vida,
tan imparable como los días,
se oscurece y se ilumina
en un solo instante
para abrirle paso a la eternidad.

La primera huella,
el paso que lo puso en camino,
es el último
aquel que lo transforma
en lo otro,
que lo hace ser sí mismo y nadie.

El héroe se pregunta:
¿Cómo puedo estar y no estar?
¿Cómo vivo entre estrellas y masas
sin aire, sin astros?
¿Cómo es que mi corazón late aún,
helado, sin gravedades; y
sin saber dónde estoy,
nunca he estado menos perdido?

Y, antes de cerrar los ojos se dice:
He venido sabiendo que era nada
y, siendo polvo, he llegado aquí
y, siendo polvo, respiro
con los ojos abiertos, soñando,
aún en la oscuridad total de la soledad;
y, aún muerto, como nunca antes lo hice.

La flama y la tarde




Pasa la tarde y las horas huelen a sexo
o, será que el sexo nos huele,
huele nuestras llamas de juventud incansable
que a penas se vislumbra en aquella esquina, 
tan remota e impensable
de la vida de vidas.

Sí. El sexo nos huele.
Se nos acerca, cazándonos
y poco a poco nos rodea
en una trampa tan mortal
como la muerte,
y nos empuja, uno hacia el otro,
y nos consume,
alimentándonos, abrasándonos,
en el fuego fatuo,
eterno,
de la vida que se abre paso.

Nos mezcla, como uno sólo 
para tomar nuestro fuego
y alimentar el propio,
siempre en peligro de extinción, 
siempre cambiante,
que crece codiciosamente a costa
de todos, de nadie,
y nos lleva, si bien no a su infinito
entre estrellas y constelaciones;
sí entre himnos tan viejos
que parecen salidos de las entrañas del mundo,
de los primeros seres que respiraron y pasaron la tarde, 
oliendo a sexo entre las horas de su juventud incansable.


Fénix


Sonidos en lo profundo
de una llama que arde
con mi cuerpo como leña,
fósforo, oxígeno, fricción.

La hoguera me consume.

Cada que tengo la certeza
de que no queda nada de mí,
de que sólo queda
fuego que va a romper
mi última barrera
y destruir mi cascarón
de carne, hueso y sangre;
algo en mí se rebela
y, con un dolor más fuerte
que el de saberme terminada,
nacen
sonidos en lo profundo
de gargantas rocosas,
del centro mismo de mi pasión,
y rugen en mis entrañas
pariéndome una vez más
sólo para arder de nuevo,
siendo fósforo, oxígeno, leña, fricción.

martes, 24 de febrero de 2015

Los otros


Pensar es ser otro
escindirse a diario
y convivir con uno mismo
y otro, otro, otro.
 ¿todos los otros
pensarán en mí como otro?

La llama eterna
la creación eterna 
cambiante
¿arde en todos sus pechos
como en el mío? 

lunes, 16 de febrero de 2015

Polvo

"Polvo hará de mí, mas luego
que me convierta en ceniza,
esta lumbre advenediza
tendrá el fin que ha provocado:
mi polvo habrá exterminado
el fuego que me esclaviza."
- Guadalupe Amor

Hoy es un día hermoso
como si el cielo se cansara
de las nubes grises, y el frío.

Pareciera que que el invierno 
se hubiera mudado a mi pecho.

El sol brilla y yo, helada, tiemblo. 

A estas alturas no sé si algo me falta
o, tal vez, algo me sobra dentro.
Te deslizas en mis ojos como polvo.

No encuentro el lugar en que te alojas
para desterrarte.

¿Estás  en   mis  ojos?
¿En mis recuerdos?
¿En  mis manos?
¿Mis     labios?
¿Mi   sangre?
¿Mis pasos?

Si estás en mí, ¿cómo puedes faltarme tanto?


jueves, 12 de febrero de 2015

¿Dónde estás?


¿Dónde estarás, amor de humo,
en esta noche oscura
en que no estás a mi lado?

¿Verás las mismas estrellas, 
entre nubes y fantasmas,
que en silencio me miran?

¿Te besará la misma Luna,
de brazos abiertos, 
que me consuela esta noche?

¿Estaré en tus recuerdos,
bajo el sol de invierno,
entre bosques y mantas,
sonriendo tiernamente?

¿Estaré como colibrí incierto, 
entre tus brazos tibios,
bailando descalza los ritmos
de nubes y latidos?

¿Por qué te esfumaste, mi amor,
y te escondiste tras silencios oscuros,
entre paredes de niebla,
donde no puedo alcanzarte?

Vuelve.
Mi amor, vuelve
con ella que te quiere
y esta noche fuma en la ventana,
esperando las luces desenfocadas del alba,
siendo abrazada por la Luna pálida
y buscándote entre humos y madrugadas. 

jueves, 22 de enero de 2015

Absentium


La historia de los ausentes
se puede contar
en el dolor de los presentes,
en cada vez que alguien
levanta los ojos al alba
y, entre rocío, escucha
las voces de árboles, mástiles,
pinos. 

La historia de los ausentes
crece desde el hueco de su ausencia.
La nada, el vacío, se materializa.
grita, se destempla, cambia
y se pega a las manos 
de los que se quedan. 

Versos tristes, música en silencio
de un corazón palpitante
que se destila al filo de la mañana. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

C'est la vie






Y la vida lo vivió hasta matarlo.

Sólo un sueño...


Sueña sin sueño
vive sin vida
desata las alas
de una mariposa
y vuela al infinito.

viernes, 14 de noviembre de 2014

La fosa

Despierta. Abre tus ojos de piedra. El Sol brilla en el Este pero nosotros no podemos verlo. No importa. Podemos imaginar su calor. Debe estar más allá de la oscuridad que nubla nuestros ojos. Hace años que no lo vemos, que no lo sentimos sobre la piel, pero debe seguir ahí, justo donde nos abandonó: afuera.
Bien. Ya abriste los ojos. ¿Puedes ver algo? Ya sé que te pregunto todos los días lo mismo, pero es que tal vez tú sí te puedes salvar. Tal vez tú no estás perdido como yo. Y bien... ¿sí ves algo? ¿No? No te preocupes. Tal vez mañana. Sí, tal vez mañana...

Cierro los ojos pero es como si los tuviera abiertos, como si yo fuera una isla. Tal vez mañana. Sí, tal vez mañana no sienta la oscuridad a mi alrededor, acercándose, acechándome. Todo está en los ojos. Sí, todo está en los ojos. Si mis ojos no fueran de niebla, si no ardieran como me arden, tal vez podría ver algo. Hoy le pregunté de nuevo si veía algo, si sus ojos de piedra podían decirme algo de lo que ven más allá de esta fosa, pero, de nuevo, sólo estuvo callado. A veces creo que no me escucha, que los años de oscuridad, encerrado conmigo en este agujero lo dejaron sordo como a mí ciega. Al menos, eso es lo que quiero creer. También es posible que simplemente no quiera hablarme, que esté harto de mí. Tengo miedo. No tenemos a nadie más que a nosotros en este infierno y no quiero quedarme sola. No sabemos cómo llegamos aquí, pero un día despertamos juntos en esta oscuridad. Nunca supimos por qué y nos lo preguntamos cientos de veces hasta caer en la cuenta de que no importa. Entre los dos entendimos que nadie nos puso aquí, que realmente tampoco importa por qué lo hicieron. Cuando nos dimos cuenta de eso, todos los días buscábamos escapar. Soñábamos con lo que habría fuera de esta fosa y con lo que habíamos vivido antes de estar aquí. Recordamos pocas cosas: la luz, el sol, la noche, las estrellas, la música, los edificios. Pero nunca recordamos a la gente. La gente es demasiado horrible como para ser recordada. Sí, no vale la pena pensar en eso. Ahora nos tenemos el uno al otro. Ya que estamos aquí, no podrán dañarnos nunca.
Espera. Escucho algo. Creo que él está llorando. Sí, suena como si sollozara. Intentaré extender mis manos hacia él. No quiero que llore. Quiero abrazarlo y que esté a mi lado como solíamos estar antes, antes de que todo esto pasara. Ven. Por más que estiro mi mano, no logro alcanzarte. ¿Dónde estás? ¿Sigues aquí? Tanteo la oscuridad pero no te encuentro. Sigo escuchando tus sollozos, pero no puedo encontrarte. ¿Por qué no estás? El llanto se aleja. No. No. no. nononono. No te vayas. No me dejes. ¿A dónde vas? No ves que no hay nadie más allá. No no no no nononono. No hay nada. No vas a encontrar nada. No veo, pero he sabido desde hace mucho tiempo que NO HAY NADA. No hay nada. No hay nada. ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH!


Abro los ojos, o al menos eso creo. Hace tanto que da igual que no sé si los tengo abiertos o cerrados. Por fin puedo ver algo. Entre las lágrimas hay una luz. Está desenfocada, pero creo que es una luz. Sí. Así se veían las luces antes. ¿Qué es? ¿Es para mí? ¿Él volvió? Me miran unos ojos grandes, grises, como de piedra. ¿Eres tú? Sí. Creo que eres tú. ¡Qué alegría que volvieras! Pensé que esta vez ya no volverías nunca. A veces, cuando te vas, pienso que tal vez no vuelvas pero luego recuerdo que más allá de este hoyo no hay nada, que estamos solos en el mundo y que nada más nos tenemos el uno al otro. También estás llorando. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? Sé que a veces me salgo un poco de la realidad, que imagino cosas que no están ahí, pero es porque me siento sola. Nunca quise hacerle daño a nadie. No. Nunca quise eso. Sólo quería no estar sola, que los demás no llegaran a ignorarme, a callarme, a arrojarme en hoyos como este. Por eso estaba muy feliz cuando te vi. Reconocí un poco de mi dolor en el tuyo, pero nosotros no somos iguales. Tú sí puedes ver. El problema es que no escuchas. No. No escuchas. Tengo que usar mis manos para verte y tú tienes que ver mis manos para escucharme. El secreto está en las manos. Por eso cuando no pude verte me desesperé un poco. Perdón. No quise gritar como lo hice, pero debes entender que tengo miedo. Tengo mucho miedo. Ven. Intento abrazarte pero no puedo. Te internaste de nuevo en la oscuridad. Mis ojos de niebla no pueden verte otra vez. Ya. Entiendo. Estás detrás de mí. A veces creo que siempre estás detrás de mí, como cuando jugábamos a las traes. Siempre te gustó perseguirme. Ahora tú me abrazas. Tus brazos son tibios. Siempre me gustaron tus brazos. Me gusta estar así. Sigues llorando pero ya no sollozas. Yo lo sé porque siento las lágrimas tibias resbalar hacia mi piel. Creo que te sonrío. Seguramente estás de espaldas a mí porque no quieres que te vea llorar. Entiendo. Yo también quiero llorar. Estaba muy asustada cuando pensé que no ibas a volver, pero ya estoy bien. Estoy tranquila porque estás a mi lado. Perdón si lloro un poco también. Es bueno que estés a mis espaldas o te darías cuenta. Te digo en un susurro que te quiero, que siempre te quise y con las manos hago señas para explicar que todo está bien. Sé que me quieres y sabes que te quiero. Al final, sólo tenemos eso. Qué bueno que no estoy sola. Sola. Sola. solasolasola.

jueves, 20 de marzo de 2014

Al final



















Así es como los perdedores se van: en silencio y sin molestar a nadie.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Walking Around...

Ahora entiendo lo que alguien me dijo hace tiempo: Algunos escriben por gusto, mientras que para otros, es algo tan necesario como el vómito después de una sobrecarga de alcohol. 
Hoy escribo aquí no por el gusto de hacer florecer ideas en papel, como antes. Hoy, tenía miedo de tomar a pluma e impregnar este blanco, tenía miedo de lo que después vería escrito aquí; pero tenía más miedo de no escribir, de lo que estaría haciendo en su lugar. 
Es verdad lo que dicen. Es verdad que hoy no sé quién soy ni tampoco qué pasará con mi vida, pero dudo que alguien entienda las dimensiones reales de lo atrapada que me encuentro, del dolor que se aplasta, pero sobre todo de la inmensa culpa que me agobia. He permanecido demasiado tiempo callada, sin pensar ni decir lo que siento. Sólo a veces un vestigio de dolor me subía por la médula y resbalaba de mis ojos a las manos, extendidas para tomarlo, para intentar crear estatuillas de agua y sal que rápido desaparece. ¿Alguien lo ha logrado alguna vez? No lo sé. Tal vez sí, en algún lugar lejano; pero yo me encontré  completamente incapaz de darles forma y verlas más puras, menos dolorosas, menos prisioneras...

Estos días, me he cansado de ser hombre. Me he cansado de albergar dolor líquido que al final se evaporó y salió por cada poro. He pensado en abandonar el mundo, en carbonizarme al roce de un lirio, morir de un golpe de oreja. 
Me derrito, incontrolablemente, desesperadamente. Me derrito sola entre paredes prolongadas, pisos geométricos, espejos que no responden mi llamado, que no perdonan y me miran como si quisieran borrarse del mundo, suicidarse y desaparecer entre gritos de cartón y vapor de mercurio. De entre vapores y dolores, el espejo extiende una mano pálida y me pide que vaya, que la soledad le hace ecos en los tímpanos, hoyos en la carne y le susurra en las pupilas que me quede, que le abrace. Yo sólo miro el límite cristalino que nos separa, poso la mano sobre la suya y cierro los ojos, escribiendo olas lejanas en las líneas vacías del aliento, escuchando árboles secos y tomando entre mis manos sueños huecos que saltan de mis uñas al vacío, llorando de orfandad y de frío.
Sólo uno prefirió quedarse, pequeño y pesado. Creció boca y sus ojos me miraron mientras los otros, quizá hermanos, quizá desconocidos en especie, seguían su trayectoria al vacío. 
Si su boca se abrió, fue sólo para soltar un alarido profundo y estrecho. Se rompió el espejo. No. Yo no lo rompí. No. No. No lo rompí.

domingo, 14 de octubre de 2012

... Robadas

En mi mente llueve. No como una llovizna pasajera sino más como un diluvio eterno, incansable, caprichoso. Me envuelve. Me abrasa. Tal vez, sean sólo las caricias de a veces, los gestos de siempre, los que me hacen sentido ahora. Pero he perdido el título de esta entrada, de la sangre oscura que viene por siempre a manchar el blanco inmaculado del papel. Perdí una o cinco palabras. Perdí el espíritu y descripción. ¿Qué queda? Queda todo absorto en lluvia, en diluvio.
Cada día me siento un poco más muda. Cada día digo... no digo nada. Busco oreja  y ojos nuevos. Busco la lengua de las nubes, mis amigas, a quienes hace mucho no consulto. Hace mucho que no escucho su mudo lenguaje. Cada vez lo entiendo menos. 
Ayer mi corazón se acercó un poco más a las nubes, su sustancial inconsistencia cambió de forma y vislumbré, por un instante, la hermosura del éter, tan sencilla, volátil. 
Ayer floté y sentí que nada ni nadie podía afectarme... bueno, nadie no. Sí hay alguien: Él. Él es el dueño de mí tanto como puede serlo. Me tiene en sus manos y me lee lo mismo que a un libro, sólo que aún no sabe descifrarme. No. No lo ha hecho y espero que sea porque no sabe cómo. 
A veces me pregunto qué pasaría si yo perdiera la voz, si nadie me escuchara y por mucho tiempo siguiera así; me pregunto si me desacostumbraría a hablar, a callar lo que pienso, lo que reflejan las nubes pasajeras. Como aquélla, a la izquierda del roble. Ella que se derrite, que se evapora. 

jueves, 22 de marzo de 2012

A Nightingale's Heart


Once a nightingale leaves the tender arms of the breaking sun, one may think it yearns for the morning star to arise again from the ashes of the day, but even if it stops singing and flies away, one can be sure of its delight and longing for the day and it can easily be confounded for the seeking of its own self. 

No one, not even the moon, confident of the nightingale's secret pain and sweet dreams may be sure, for none of them speaks the same language in which the bird talks. But the letters on a nightingale's chest run wild through the breath and get under the dreams of rocks and clouds, speaking of love and beauty, whispering about its beloved sun, asking if he is to come again to her. It wonders if the sun yearns and dreams and laughs and cries. The star, so distant, so warm, so far.

domingo, 29 de enero de 2012

Del Odio al Amor No Hay Ningún Paso


      Es conocimiento común el hecho de que los opuestos habitan este mundo en una relación harmónica y uniforme. Nadie duda que todo lo que nace debe morir o que cada noche sucede al día. Es lógico pensar que esta correlación es una de las grandes fuerzas que mantienen a la realidad tal y como la conocemos. Y, si seguimos esta lógica, lo mismo se aplica a las relaciones sociales y a los sentimientos. Uno no puede amar algo sin sentir una fuerza opuesta de disgusto (u odio) hacia lo mismo que le inspira amor.
Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, estipuló que la personalidad del hombre está compuesta por tres elementos: el yo, el superyó y el ello. El yo es la parte consciente de una persona, es la que actua y la que responde a estímulos en el presente mientras que el superyó y el ello son menos evidentes y son los que, en última instancia, causan que una persona se comporte de un modo u otro.
El superyó es inculcado por las personas que educan a un niño. Está conformado por reglas estrictas de comportamiento. Éstas reglas están tan profundamente anidadas en nosotros que dificilmente podemos desobedecerlas sin sentir profunda culpa y el mismo superyó se encarga de juzgar las acciones tanto del yo como del ello dándonos una buena carga de remordimientos.
El ello, por otro lado, es la parte instintiva de una persona. Se dice que esta parte viene incluída desde que nacemos y provoca las acciones más violentas y menos meditadas. Es el completo opuesto del superyó y está siendo regulado y juzgado por el yo y el superyó respectivamente. El ello es la misma naturaleza del edonismo: busca el placer instantáneo y repele el dolor.
La combinación de estos tres elementos es la que forma la personalidad de una persona. Uno siempre está entre lo desalmado y lo rígido, intentando regular las acciones para no caer en ningún extremo. El hombre es en sí mismo, estructuras mentales opuestas.
Como en la teoría de la personalidad según Freud, las teorías postfreudianas de Melanie Klein también hablan de opuestos al describir la naturaleza del amor.
Melanie Klein fue la primera en concebir al amor como algo más que la simple necesidad de satisfacer deseos eróticos.
“El surgimiento del amor consciente estaba relacionado con nuestro remordimiento hacia el odio destructivo, es decir, una vez que nos damos cuenta de cúan violentos somos en el interior con aquellos que amamos, también advertimos cúan necesaria es la preocupación por cuidar las relaciones que valoramos.” (Frager and Fadiman)
Todos hemos sentido esa repulsión repentina por alguien a quien amamos y, avergonzados, nos hemos arrepentido de pensar o hacer cosas que perjudiquen a esa persona. Esto es lo que propicia más la consideración hacia esos seres queridos. Pero no sólo la culpa es el motor de cualquier relación amorosa, sino que también existe el sentimiento de dependencia hacia otras personas.
Como es bien conocido, el ser humano es un ser sociable y necesita de contacto con seres de su misma especie para sobrevivir y desarrollarse adecuadamente. Esto nos crea una dependencia leve o alta (dependiendo de la persona en cuestión) de aceptación social y de alejamiento con respecto a la soledad y otros sentimientos profundamente negativos que podrían acabar con nuestra salud mental.
Pero, por otro lado, el ser humano tiene la necesidad de sentirse un ser individual y original. No podría soportar la idea de que es igual a medio millón de seres con ideas, físico y creencias parecidas. Estas necesidades contrarias
demuestran que los opuestos son necesarios y complementarios en la vida de los hombres.
Como mencionó Erich Fromm en su libro El Arte de Amar: “Se volvería loco [el hombre] si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse, en una u otra forma con los demás hombres, con el mundo exterior.” Fromm dice que si el hombre no consigue deshacerse de su propio estado de separación, siente que el propio mundo, el hecho de no poder controlar muchos aspectos de su propia vida y su entorno, sofocan al hombre y que si no logra separarse de ése estado de separatividad, se sentiría asfixiado y se aislaría de la realidad.
Una persona no puede evitar sentir una mezcla de ambos sentimientos: el del amor hacia una persona que nos retiene de volvernos locos de soledad y el repudio por ser tan parecido a nosotros (el hecho de ser humano, de tener compatibilidad con nuestros pensamientos y nuestra personalidad) y contradecir nuestra sensación de originalidad.
También, nos es difícil aceptar que las personas hacen cierto tipo de acciones o piensan de cierto modo completamente opuesto al nuestro o que puede resultarnos dañino. Este conocimiento nos puede causar repudio y disgusto. Pero el sentimiento de aprecio, culpa por sentir nuestra originalidad amenazada por esa persona y la necesidad de tener un vínculo con el mundo para no sentir que nos asfixia hacen que tener relaciones amorosas (ya sean fraternales, eróticos o a Dios) sea algo completamente obligatorio para mantener una vida sana.
Para concluir, es congruente agregar que la mezcla de lo positivo y lo negativo forma lo que uno reconoce como un todo. No existiría bien sin mal como no existiría el odio sin el amor. El punto es tener un equilibrio entre ambos para tener una relación sana con otras personas y con nuestros propios pensamientos. ¿O acaso tú podrías afirmar sentir sólo sentimientos positivos hacia alguna persona?



Obras Citadas y Consultadas

Frager, Robert and James Fadiman. Teorías de la Personalidad. segunda edición. Alfaomega-Oxford, 2001.
Fromm, Erich. El Arte de Amar. Trans. Noemi Rosenblatt. Paidós, 1983.
Real Academia Española. Diccionario de la lengua Española. 25 1 2012 .





miércoles, 20 de julio de 2011

Algo más...


Tuve un sueño anoche. Este sueño me quitó el aliento y dejó una agradable sensación de calor en mi interior, junto con una sonrisa. Soñé contigo y con esos ojos oscuros tan lindos, tan tuyos. Soñé con ese tacto frío, con ese roce de tu piel y con esos labios, tan besables, tan tremendamente dulces. Soñé con esa mirada que me diste ayer, con los besos que me regalaste. Soñé con un lugar nuevo, estilo moderno, con una linda sala de estar y un tapanco justo arriba. Estaba en el tercer piso, así que podíamos deleitarnos con las sinfonías de la sociedad urbana durante el día y con la tranquilidad abrasante de la noche. Un departamento de dos habitaciones, una llena de libros y mi colección de clásicos, y la otra era toda nuestra. Una alfombra clara, tal vez blanca y suave; una gran cama blanca, albergando los sueños de ambos, las caricias, nuestra vida juntos. Te veo al despertar cada mañana y eres lo último en cruzar mis pupilas antes de caer en los brazos de Morfeo. Te veo junto a mí, resolviendo un rompecabezas o sólo haciéndonos tontos por ahí. Te veo en las noches lluviosas y en aquellas en que simplemente me tomas entre tus brazos y me pierdo en tu calor. Te escucho cuando me llamas, cuando me dices que me amas.
Hoy abrí los ojos y supe que era algo más que un sueño. Que tú eras algo más que alguien que cruzó mi camino y que se volvió parte esencial de mi ser. Hoy, al despertar, sentí tus brazos a mi alrededor y supe que era algo más que un sueño.

miércoles, 15 de junio de 2011

Oblivion




Comienza el piano, suave, dulce. Un bandoneón le hace segunda, seguido por el llanto del trágico violín, anunciando sus desgracias, contando historias de pasión, de desamor, de locura. El contrabajo en lo obscuro, dando gravedad, colaborando en tono e intensidad...
Un callejón iluminado por la luz decadente de un mísero farol. Las horas que pasan y pasan sin parar de llover, diluviando penas, sueños que se evaporan y caen de lágrima en lágrima, convirtiendo realidades en un mero sueño de verano. El ruido húmedo de los tacones sobre el pavimento mojado, una pareja. El velo frío de la noche cubre sus rostros, sus miradas dirigidas al infinito, la pasión, agridulce, cortante, sublime; la carencia, el deseo. Un par de palabras confusas, recuerdos dolorosos. Aliento con aliento, cuerpo contra cuerpo, hombre y mujer se toman, se desgarran, se enamoran y en sublimes actos agridulces se regalan uno al otro, resonando al mismo tono, bailando al mismo ritmo. Y, en algún momento de la rutina de besos y condenas, se dan cuenta con ansias de que están solos, solos en la misma calle, con el mismo farol intermitente y bañados por el hielo abrasador que sollozan las mismas nubes que un día les dieron cobijo.
Sus ojos se cruzan, diciendo en la oscuridad lo que las palabras no pueden expresar y ambos se desmoronan, se evaporan y se consumen, como el fuego y la pólvora, como el agua hirviente que lava mi piel, como los pétalos de una rosa agonizante, sangrante.
El tango ha terminado.

viernes, 8 de abril de 2011

Dos minutos


Sólo dos minutos hicieron falta, no hubo más, no, no hizo falta nada más. Mi pecho duele, un dolor divino y dulce que asocio de inmediato al precipitado crecimiento de mi corazón. Mi pulso se acelera con sólo divisarte. Mi mente se torna un gran campo en blanco que es llenado por los ecos... tun-tun tun-tun. En mis labios una sonrisa que no pude desimular.
Sólo dos minutos hicieron falta para que mi mundo se resumiera a tus brazos, tres palabras. Sólo un minuto bastó para sentirme totalmente tuya. Sólo 30 segundos bastaron para no querer perderte nunca. Y sólo un respiro bastó para saber que eres la eternidad, la eternidad en dos minutos.

domingo, 3 de abril de 2011

Sadly happy people

Algo que un número amigo me dijo hace poco... Pertenezco a la legión de los tristemente alegres...

"... acabo de descubrir que todos aquellos tocados en sus corazones por algún sentimiento tan profundo que sólo puede materializarse en arte están destinados a sufrir alegremente, a dudar, a pensar, a soñar y a delirar soñando y a divagar pensando y a creer dudando; estamos destinados a vivir en la crisis, a vivir bajo la opresión, bajo esa sensación tan desesperante que nos mueve a buscar algo mejor, a crearnos a nosotros mismos.
Vivir es sufrir un poco, matizado por todas las cosas bellas que nuestros sentidos y nuestro corazón alcanzan a percibir.

We are the sadly happy people of the world."