jueves, 20 de marzo de 2014
domingo, 16 de febrero de 2014
Un Silencio Triple
Volvía a ser de noche. En la Posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple.
El silencio más obvio era una clama hueca y resonante, constituida por las cosas que faltaban. Si hubiera soplado el viento, este habría suspirado entre las ramas, habría hecho chirriar el letrero de la posada en sus ganchos y habría arrastrado el silencio calle abajo como arrastra las hojas caídas en otoño. Si hubiera habido gente en la posada, aunque sólo fuera un puñado de clientes, ellos habrían llenado el silencio con sus conversaciones y sus risas, y con el barullo y tintineos propios de una taberna a altas horas de la noche. Si hubiera habido música... pero no, claro que no había música. De hecho, no había ninguna de esas cosas, por eso persistía el silencio.
En l a Posada Roca de Guía un par de hombre, apiñados en extremo de la barra, bebían con tranquila determinación, evitando las discusiones serias sobre noticias perturbadoras. Su presencia añadía otro silencio, pequeño y sombrío, al otro silencio, hueco y mayor. Era una especie de aleación, un contrapunto.
El tercer silencio no era fácil de reconocer. Si pasabas una hora escuchando, quizá empezaras a notarlo en el suelo de madera y en los bastos y astillados barriles que había detrás de la barra. Estaba en el peso de la chimenea de piedra negra, que conservaba el calor de un fuego que llevaba mucho rato apagado. Estaba en el lento ir y venir de un trapo de hilo blanco que frotaba el veteado de la barra. Y estaba en las manos del hombre allí de pie, sacándole brillo a una superficie de caoba que ya brillaba bajo la luz de la lámpara.
El hombre tenía el pelo rojo como el fuego. Sus ojos eran oscuros y distantes, y se movía con la sutil certeza de quienes saben muchas cosas.
La posada de Roca de Guía era suya, y también era suyo el tercer silencio. Así debía ser, pues ese era el mayor de los tres silencios, y envolvía a los otros dos. Era profundo y ancho como el final del otoño. Era grande y pesado como una gran roca alisada por la erosión de las aguas de un río. Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte.
El silencio más obvio era una clama hueca y resonante, constituida por las cosas que faltaban. Si hubiera soplado el viento, este habría suspirado entre las ramas, habría hecho chirriar el letrero de la posada en sus ganchos y habría arrastrado el silencio calle abajo como arrastra las hojas caídas en otoño. Si hubiera habido gente en la posada, aunque sólo fuera un puñado de clientes, ellos habrían llenado el silencio con sus conversaciones y sus risas, y con el barullo y tintineos propios de una taberna a altas horas de la noche. Si hubiera habido música... pero no, claro que no había música. De hecho, no había ninguna de esas cosas, por eso persistía el silencio.
En l a Posada Roca de Guía un par de hombre, apiñados en extremo de la barra, bebían con tranquila determinación, evitando las discusiones serias sobre noticias perturbadoras. Su presencia añadía otro silencio, pequeño y sombrío, al otro silencio, hueco y mayor. Era una especie de aleación, un contrapunto.
El tercer silencio no era fácil de reconocer. Si pasabas una hora escuchando, quizá empezaras a notarlo en el suelo de madera y en los bastos y astillados barriles que había detrás de la barra. Estaba en el peso de la chimenea de piedra negra, que conservaba el calor de un fuego que llevaba mucho rato apagado. Estaba en el lento ir y venir de un trapo de hilo blanco que frotaba el veteado de la barra. Y estaba en las manos del hombre allí de pie, sacándole brillo a una superficie de caoba que ya brillaba bajo la luz de la lámpara.
El hombre tenía el pelo rojo como el fuego. Sus ojos eran oscuros y distantes, y se movía con la sutil certeza de quienes saben muchas cosas.
La posada de Roca de Guía era suya, y también era suyo el tercer silencio. Así debía ser, pues ese era el mayor de los tres silencios, y envolvía a los otros dos. Era profundo y ancho como el final del otoño. Era grande y pesado como una gran roca alisada por la erosión de las aguas de un río. Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte.
- Patrick Rothfuss
El Nombre del Viento
jueves, 9 de enero de 2014
Tus pasiones invocadas
Te invoco desde
mi mundo,
certeza oculta,
escondite
a plena vista,
secreto
que me afirma
que tú,
que nosotros
solos
sólo somos, sin más,
una última,
única, unión
entre este
espacio
de deseos
destilados,
intrascendentes,
y
otro océano
oscilante:
destino, destrucción,
pasión, prisión
poderosa.
Me maldice,
mostrando
dos dolores
destruídos, dos
visiones
brillantes;
prometen poderes
lejanos, lazos,
latidos,
sentido,
sensualidad, sabor,
aquello que me da un propósito
un motivo por
el cual me aferro
insistentemente
a una vida vana,
fugaz como un
instante,
como el aleteo
de las alas
de una mariposa
de cristal infinito.
Entre penumbras, tu boca me llama,
penumbra
Tus labios como
hojas,
tu dulce pecho
amargo
lleno de
despecho y vacío
Tú eres fuego
explosivo
arrebato que me
arranca,
me condena
pasión ardiente
y helada, creencia
de que la
exuberancia, el calor,
la selva
febril, las cascadas
Todo existe
porque mi corazón
te piensa con
esa fertilidad
mi pecho suda
ríos que se unen
al mar que es
tu cuerpo, imaginario,
y corres tras
de mí, espejismo,
en este que es
santuario a tu recuerdo.
Temo, escondo mi razón para que no arda
entre los
vestigios de mi ser, tuyo
Presiento la
tormenta, el huracán
que traerá mi
destrucción
mi caja de
cerillos que se incendia
envuelta en
llamas de deseo infinito.
Aparto de mi
mente una certeza
que firmó mi
sentencia de muerte
en el momento
mismo en que
tus ojos y los
míos se encontraron
por vez
primera, por vez última
Te invoco y sé, no de cierto,
pero supongo,
que me perteneces
tanto como que
encontrarnos fue
desde el inicio
de mis inicios,
nuestro
destino.
domingo, 15 de diciembre de 2013
De lo lejano y lo cercano
"What can I hold you with?
I offer you that kernel of myself that I have saved,somehow --the central heart that deals notin words, traffics not with dreams, and isuntouched by time, by joy, by adversities.I offer you explanations of yourself, theories aboutyourself, authentic and surprising news ofyourself.I can give you my loneliness, my darkness, thehunger of my heart; I am trying to bribe youwith uncertainty, with danger, with defeat."-Jorge Luis Borges (1934)
Todo comienza así, cuando la distancia entre nosotros se reduce, cuando nos sentimos atraídos al otro por la simpatía y el saber al otro capaz de romper la barrera meramente literal que nos rodea. Las risas, el llanto, las conversaciones; todo eso acorta la distancia, nos hace más cercanos unos de otros y nos da una probada de lo que el otro es, de sus defectos, sus virtudes, sus fijaciones, sus sueños. Pero no es el hecho de que la persona sea gentil, arrogante, desee un futuro brillante o haya vivido tiempos difíciles lo que hace verdaderamente interesante y cálido el acercamiento. Es el hecho mismo de tener la oportunidad de descubrir dichos defectos, sueños y virtudes, lo que vale la pena, lo que nos hace creer que no estamos tan solos después de todo. Las cercanías, sin importar su naturaleza, nos hacen crecer y conocer el mundo de un modo u otro.
El inicio es hermoso, sin duda alguna. Todo es nuevo. Todo es brillante. Sin embargo, también existen distancias que se transforman en lejanías profundas y oscuras. Lejanías que son frío y soledad.
Un día simplemente llegan y comienzan a hacer agujeros en el alma. Llegan en silencio, cobijadas por la luz cálida de la cercanía, se acercan sigilosamente y comienzan a incendiarlo todo. Para cuando uno se da cuenta, poco o nada queda por hacerse para detener el terrible paso que marcan las lejanías.
Mi vida es corta al igual que lo son mis penas. No podría decirse que soy una persona que ha sufrido hambre ni falta de dinero o de sueño, pero lo que sí se puede decir es que he conocido lejanías tan atroces que parece que todo es un abismo profundo y negro. He visto a las lejanías hacerse paso entre risas y recuerdos brillantes y corroerlo todo, ahogando mi fuego y arrojándome al olvido.
Grandes lejanías he visto venir y llevárselo todo. Todas distintas y feroces. Algunas más lentas, otras más brutales, pero al final todas terminaron del mismo modo: dejando hoyos que si bien poco a poco parecen menos profundos y dejan de doler, siguen dejando cicatriz y recuerdos imperecederos que calan y dibujan sonrisas.
Hay veces, veces, veces, en las que un aire distinto me estremece por dentro y entonces viene el miedo, el temor a las lejanías y la voz que susurra en mi oído: Ya vienen; se acercan. Es en ese momento en que quisiera creer en la inexistencia del frió, en que el tiempo avanza hacia atrás y que no es tarde, sino temprano. Sin embargo la voz vuelve desde los abismos de ácido y oscuridad eterna y susurra, con una voz inexpresiva y fría que es tarde, que siempre ha sido tarde. Y es entonces cuando sé que las lejanías llegaron y están trabajando como el pintor, ese del cuento, sólo que en lugar de ponerle color al gris eterno, le ponen gris al color eterno. Se siente en los gestos simples, en las palabras muertas mucho antes de concebidas, en las lágrimas vivas que bajan y se arrojan al vacío, en el frío que se aprisiona poco a poco de mi cuerpo hasta que ni el agua más caliente puede acabar con él.
De repente las cosas simples, las sonrisas, las conversaciones, el tacto, se vuelven cruciales en la lucha contra las lejanías. Cada minuto desperdiciado es un minuto que se quema. Cada palabra no dicha es un mundo, cada beso, abrazo, son promesas que vuelan como las hojas en el viento de otoño. Y es la vida, las circunstancias, las que parecen tener un papel decisivo sobre el destino de la guerra. Aunque he de admitir que en todos estos años, en todas estás cercanías, ni una sola vez he saboreado el aire de la victoria.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Poeta en las sombras
Las letras de la sombra
no se pueden borrar
viven en mi penumbra
y no hacen más que susurrar
en mis oídos de piedra
salen en mi respirar.
Los versos en la sombra
se escriben en mis ojos sin variar
se enroscan como la hiedra
y crecen sin vacilar
tienen tres cabezas como la hidra
que nadie puede cortar.
Soy poeta en la sombra
mi alma escribe versos sin par
no hay labios en mi tundra
que los pueda pronunciar
sólo hay manos de piedra
que no puedo alcanzar
mis versos nacen para la sombra
y a la luz no pueden entrar.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Eternidad
Y ahora que eres eternidad,
mi amor ¿qué más da?
Ya no somos más, sin ambos,
como piezas perdidas
De un acertijo sin final.
Ya no importa si un día nos amamos
En este infierno terrenal
Porque hay algo más que nos une
Algo que no se puede separar
Hoy somos uno solo
y solo uno en este waltz
Y, mi amor, si me lo permites
También yo me llamo eternidad.
Preludio al Olvido
De olvido vive y de olvido muere
Como planta en jardín olvidado
- Mägo de Oz
Ambos nos
miramos
Entre pestañas
y ecos
Se esfuman las
sonrisas
Se las comen los
silencios
Nos regalamos
caricias
Explosión de
los sentidos
Incluso entre
mentiras.
Me tomas en tus
brazos
¡Oh! Es tan
bella la usura
Me dices que me
amas
Es tan cruel tu
esperanza
Son brillantes
tus promesas
¡Es tan dulce
la locura!
No quisiera que
te fueras
Sin embargo,
sólo veo tu espalda
Entierro la
mirada en tus huellas pasadas
Eran hermosos
los tiempos de calma
Me evaporo hecha
gotas
Y grito tu
nombre, derrumbada
Responde el
vacío tenaz:
Mi realidad
desolada
La oscuridad me
acecha
Cierro los ojos
en la penumbra del alma
Y llorando me
pregunto
Qué nos queda
después del olvido.
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