Hoy desperté pensándote, queriéndote; al igual que lo hice ayer, al igual que lo háré mañana. Han sido días interesantes, tal vez difíciles, tal vez, simplemente, hermosos. Sabes? Te quiero, en serio te lo digo. No he dejado de ver la luz ue ilumina tus ojos, esa sonrisa que me regalas cuando te das cuenta de que te miro, de que estoy en alguna parte de tu mente. Aún recuerdo el día en que te conocí, el día en que pude dar un paseo por la persona que realmente eres. Estaba tan sorprendida, tan asombrada de todo lo que encontré ahí. Después vino aquel sentimiento, aquel presentimiento que me decía que eras alguien especial, que lo serías muy pronto. Quizás fue entonces. Quizás fue desde el mismo momento en que lograste callarme, en que me tomaste por sorpresa e iluminaste lo más profundo de mi alma, los secretos más oscuros, aquello que se mantenía oculto en sombras; quizás fue después, cuando pude verte, sentirte através de las palabras, de cada minuto hablando contigo, de cada mirada; cuando comencé a sentir que no estaba sola. miércoles, 2 de junio de 2010
Quizás...
Hoy desperté pensándote, queriéndote; al igual que lo hice ayer, al igual que lo háré mañana. Han sido días interesantes, tal vez difíciles, tal vez, simplemente, hermosos. Sabes? Te quiero, en serio te lo digo. No he dejado de ver la luz ue ilumina tus ojos, esa sonrisa que me regalas cuando te das cuenta de que te miro, de que estoy en alguna parte de tu mente. Aún recuerdo el día en que te conocí, el día en que pude dar un paseo por la persona que realmente eres. Estaba tan sorprendida, tan asombrada de todo lo que encontré ahí. Después vino aquel sentimiento, aquel presentimiento que me decía que eras alguien especial, que lo serías muy pronto. Quizás fue entonces. Quizás fue desde el mismo momento en que lograste callarme, en que me tomaste por sorpresa e iluminaste lo más profundo de mi alma, los secretos más oscuros, aquello que se mantenía oculto en sombras; quizás fue después, cuando pude verte, sentirte através de las palabras, de cada minuto hablando contigo, de cada mirada; cuando comencé a sentir que no estaba sola. De mi poeta favorito...
Había mencionada ya que mi abuelo es poeta? Pues, lo es. Aquel hombre sabio dedica su valioso tiempo a enriquecer la lengua con esas palabras regaladas al viento, a los hombres, a todo aquel que esté dispuesto a escucharlas...

"A LOS POETAS MILTEMPORANEOS”
Cuidado poeta, que guardas más respeto,
al acento y a la métrica.
Enamórate más de las letras.
Y deja que cada palabra regalada al viento te relate,
sus propias historias de amor y de amargura.
Escúchalas fluir, en sus cantos melodiosos.
Ensalzando a sus héroes y a sus parias.
Enseñándonos a amar más a los nobles,
que a la realeza misma,
Dejándonos disfrutar la universalidad de la nobleza.
Que tu sensibilidad aflore,
cuando un suspiro en pecho quinceañero,
aflija al más sabio de los hombres.
O cuando las cenizas de un murmullo,
marquen el camino de un beso primerizo.
O cuando una lágrima huérfana,
suplique la presencia,
de una madre y de un padre que se han ido.
Y que su hermana menor...otra lágrima
extrañe a un hijo que ha partido.
Juan Romero Sotelo
martes, 1 de junio de 2010
Rosas
Un ramo de rosas. Eran rojas; tal vez, una docena. Vi su sonrisa, la alegría que le iluminaba. En su mano izquierda, un sobre, una carta. Se acercó a la puerta, justo donde yo estaba parada, observándole. Sonreí, ilusionada, contenta. Hoy era el día. Pasó a mi lado. Ahí estaba ella. Le dio las rosas.
domingo, 23 de mayo de 2010
Your Eyes...

I've tried, really
I'm thinkin' about it,
Starin' madly
Do you think we'd meet?
I've caught you looking at me,
I've returned the deep look
Then you turn, totally mute...
Always the same
I can’t say I'm ok
Do you think I should say
what has been always there?
Or maybe is that obvious
that there's no purpose
on saying what, for sure,
you know since long ago...
lunes, 17 de mayo de 2010
Sara
Todo se había mejorado. Mi día había sido bueno al final. Era la una de la mañana. No podía dormir. Intentaba acomodarme en cualquier posición humanamente posible para conciliar el sueño, pero éste no se dignó a aparecer hasta un cuarto de hora después. Aún así, me abandonaba esporádicamente para ir a reconfortar a alguien más. No supe de la razón de estos abandonos, hasta el día después. Desperté, como de costumbre a las 5:30 y me bañé. Tomé una blusa negra y mi uniforme; me disponía a cambiarme con la ropa seleccionada cuando reparé en el hecho de que me sentía aún feliz y no quería usar negro. Encontré algo más alegre para usar (una blusa verde, mi color favorito). Escuché que sonaba el teléfono. No podían ser buenas noticias, nadie llama tan temprano a menos que tenga algo malo que avisar. Mi mamá tocó la puerta. "Tal vez, hoy no hay clases", pensé.
- Me acaba de llamar Danya. -Yo sólo había escuchado que ella utilizara ese tono antes, cuando falleció mi abuela. Me preocupé. Era algo serio. - Me dijo que Sara falleció. La están velando. La creman a las dos.
Se me cayó el alma a los pies. Sara era mi amiga de la primaria. Tenía leucemia. Nunca dijo nada, siempre ocultó la verdad que nosotros sabíamos. Hacía un año que no la veía. Pensé que todo iba bien con las quimios. Nunca pensé que algo malo pudiese pasarle. Nunca pensé que hubiera dejado este mundo. Hubo silencio. Mi mente no podía procesar este dato, esta nueva noticia.
- Quiero ir al velorio. -Dije con decisión.
- Está bien, pero qué decimos en la escuela? Tenías examen hoy?
- Si quieres, yo hablo con la coordinadora. No, no tenía examen.
Bajé a comer el desayuno que ya estaba preparado para mí. A decir verdad, no estaba consciente del sabor del pay en mi boca, del sabor de las fresas, ácidas y dulces al mismo tiempo.
Subí a mi cuarto a cambiarme, me lavé los dientes, me peiné y me use los lentes de contacto. Llegamos a la escuela de mi hermana. Ella se bajó y nosotras nos dispusimos a caminar las pocas cuadras que nos separaban del contenedor vacío de mi amiga. En el camino nos encontramos a otra amiga mía, Dannie. Caminamos juntas. Llegamos al edificio y nos encontramos con Bibi, una amiga más. Su rostro estaba ensombrecido por la pena y las lágrimas surcaban su rostro.
- Creo que es mejor que volvamos después. -Sugirió mi mamá.
- Está bien. -Dijimos, después de consolar y despedirnos de Bibi y su mamá.
Eran las 8:50 cuando regresamos al edificio de la Gayosso. Era en la sala 6. Ahí estaba un hombre, el padre de mi amiga. Nos guió por las escaleras, justo hacía donde su hija reposaba. Era una sala amplia, llena de gente conocida y desconocida. En el fondo y centro de la estancia, se encontraba el ataúd de madera, rodeado de flores, cerrado. A su alrededor, todos sus amigos, todos sus familiares, lloraban y guardaban silencio. Sí, eso es lo que se hace en esas ocasiones, guardar el sonido, dejar al silencio penetrar en ti convertido en pena. Saludé a unas de mis amigas. Consolé a otras tantas. No podía llorar. Llegaron más chicos de nuestra edad, la edad que ella tenía. Cada uno se acercaba ante el refugio de madera y soltaba una lágrima o una mirada llena de dolor y tristeza. Detrás del féretro estaban unas fotos de ella, de antes de su enfermedad, de su solitaria figura. Unos cuantos dibujos se hallaban en una pared del lado, cartas que sus compañeros de la secundaria escribían para ella, para apoyarla. Era demasiado, ella era tan joven, tan fuerte, no me lo explicaba. Ni siquiera había cumplido sus quince años, únicamente había pedido comer una hamburguesa y unas papas como último deseo. Se había visto vencida y derrotada tan sólo unas horas antes. Su madre, resignada, no había intentado hacerle una operación desesperada por salvar su vida, ella entendía que eso era todo y que su hija había luchado todo lo que había podido. Su padre, no lo entendió. Él se aferró desesperadamente a la posibilidad de salvar a su hija, a no perderla. Ella había fallecido en el quirófano, después de dos infartos.
Permanecí alrededor de tres horas en aquél fatídico lugar. No lo soportaba. Le pedí a mi mamá que nos marcháramos. Había visto a demasiados llorar, había reprimido todo demasiado tiempo. Me despedí de todos. Le dije adiós a Sara. Salí del edificio. No lo pude reprimir más, todo el dolor me invadió y dejé que las lágrimas invadieran mi rostro.
- Sabes qué es lo más triste? - Preguntó mi mamá, una vez fuera de la Gayosso.- Lo peor es que en septiembre era su cumpleaños y su mamá le había apartado el salón. Iba a ser una gran fiesta.
Ambas rompimos en lágrimas mientras nos alejábamos de la funeraria, de mi amiga, de su cuerpo inerte.
Adiós Sara. Nos veremos en otra vida. Fuiste fuerte hasta el final. No dejaste que nadie compartiera tu dolor, no dejaste que soportáramos esa enorme carga contigo. Descansa en paz. No sufrirás más. Te recordaremos. Recordaré esa fortaleza, esas risas, ese gorrito de los colores del arcoiris. Te recordaré.
domingo, 16 de mayo de 2010
Need
Un mal día. Todo pasó justo como no quería que pasase. La siento cerca, siento su aliento frío como la muerte. Oh soledad! En ese mismo instante, en esas largas horas, me sentí a morir. En esas horas todo parecía tan gris, tan difícil. El aire soplaba cada vez más fuerte, cubriéndome con esa frescura, manteniéndome a la idea de estar viva. La lluvia vino después. Juro que quería que me cubriese. Pero no estaba sola, al menos físicamente. No podía dejar que la lluvia descubriese lo que en verdad sentía, que desenmascarara el dolor. Salí del alcance del líquido. Después el dolor me cubrió aún más. No podía soportarlo. De haber podido, hubiera derramado el llanto que me quemaba el alma. Me pregunto si los chicos a mi alrededor notaron ese dolor, si la palidez de mi rostro me delataba. Nadie dijo nada. Llegó la hora. Debía irme. A decir verdad, antes de su llegada, no había sido mala la tarde. Me había divertido, había conocido gente nueva. Pero eso ahora no importaba. Sólo deseaba irme. En la entrada, me despedí de todos, mi padre estaba ahí y yo no quería que él preguntara si es que yo me negaba a despedirme de él, causante de mi dolor.
Una vez en mi casa, la barrera cayó.
Las sombras ocultaron mi rostro, que se contrajo con el dolor sentido. Las imágenes de la fiesta cubrieron mi mente una vez más y volví a sentir ese fragmento, esa parte de mi, rompiéndose, clavando las astillas del fino material en mi corazón. ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí? ¿por qué no podía, tan sólo, dejar de verte, esfumarte de mi vida? ¿por qué tenías que pretender a mi mejor amiga, de nuevo? ¿por qué tenías que estar con ella, que reír con ella, que disfrutar con ella? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿¡¿POR QUÉ?!?!
A un amigo pedí consejo un día; me dijo que debía hablarle, preguntarle aquella pregunta que ya tiene respuesta en mi mente. Tal vez al pedir explicaciones, consiga saber qué es lo que debo hacer para olvidar, tal vez sólo consiga más dolor y penas. NO sé si me atreveré a romper nuestro fragil silencio, aquella barrera en la que me refugio en contra suya.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Para ti, amor

Hoy el cielo es hermoso. Sentada en el suelo, lo veo desde mi patio trasero. Los grillos cantan. Los perros ladran y el inconfundible sonido del tráfico nocturno resuena. Hay nubes en el cielo. Nubes que parecen ligeros pedazos de algodón de ázucar que flotan por el manto celeste. He contado más estrellas que la noche anterior. Hoy, el número se triplicó cuando me concentré en las luces del cielo, en todos aquellos puntos brillantes. Pero la Luna! Oh! que maravilla más extraordinaria! Que preciosidad; con qué hechizo ha de atacar a nosotros los mortales que la vemos tan inalcansable y encantadoramente bella. Más no es su aperlado color lo que me ha hipnotizado hoy. No, no es el cielo salpicado de pinceladas de algodón y puntos de diamante lo que llama mi atención.
Cuando salgo a mi jardín, en noches como esta, y cuento el número de estrellas, un pensamiento siempre viene a mi cabeza, una idea encantadora e irreal. Pienso en ti, mi amado, mi alma gemela, mi otra mitad. Sí amor, pienso en ti. Pienso que, en alguna parte, bajo el mismo cielo, bajo el mismo resplandor de luna, tú puedes estar mirando al cielo, justo en el mismo instante, justo hacia la cálida perla blanca del satélite. Pienso que en ese instante podrías estar viendo las mismas estrellas, contándolas como yo lo hago. Pienso que, tal vez, pero sólo tal vez, puedes estar en alguna parte, pensando en mi, en tu otra mitad, en tú alma gemela. Así, sonrio ante aquella fantasía y te digo adiós amor. Le digo adiós a la noche para internarme en el mundo de los sueños, donde, tal vez, te conozca.
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